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¿Duele el láser toning? Cómo bajar la molestia

¿Duele el láser toning? Cómo bajar la molestia

¿Duele el láser toning? Cómo bajar la molestia

El dolor del láser toning no es uno solo: el disparo, el calor que se acumula y la molestia posterior piden soluciones distintas. Te contamos cómo actuar.

Publicado

Actualizado

Dr. Wi Young-jin, director médico de la clínica Beautystone

Autor

Dr. Wi Young-jin, director de la clínica

Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Seúl · Especialista del Hospital de la Universidad Nacional de Seúl

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Si buscas cuánto duele el láser toning, encontrarás dos respuestas que parecen contradecirse: unos lo comparan con el chasquido de una goma elástica y otros cuentan que se les saltaron las lágrimas. Ninguna de las dos es falsa. El dolor del láser toning no es de un solo tipo, así que cada persona recuerda un momento distinto de la sesión.

La molestia se reduce mejor cuando se identifica de dónde viene, no aguantando más. El disparo, el calor que se acumula y lo que queda al terminar responden a medidas diferentes.

En esta guía vamos a ver los tres tipos de molestia, las zonas de la cara que suelen doler más, qué parte depende del equipo y qué parte del ajuste, qué alivian la anestesia y el frío, y cómo distinguir el dolor de un efecto secundario que sí requiere atención.

 

¿De dónde viene el dolor del láser toning?

De tres momentos distintos de la sesión, y cada uno se siente de forma diferente.

  • El instante del disparo: cuando el pigmento absorbe la energía del láser, el calor se concentra durante un tiempo muy breve y estimula las terminaciones nerviosas. Es una molestia aguda pero corta, que desaparece en cuanto termina el disparo.

  • El calor acumulado: al pasar varias veces por la misma zona, la temperatura de la superficie sube. Lo que al principio se tolera bien se convierte hacia el final en una sensación de ardor. Cuando alguien dice que a mitad de sesión de repente se le hizo difícil, suele tratarse de esto.

  • Lo que queda después: la cara caliente, la sensación de tirantez o el ardor al lavarse forman parte de este tercer grupo.

Por eso, para buscar una solución, es más útil preguntarse en qué momento duele que intentar medir cuánto duele.

Tres tipos de molestia durante una sesión de láser toning

 

 

¿Por qué duelen más unas zonas que otras?

Con el mismo equipo y el mismo ajuste, la sensación cambia de una zona de la cara a otra. Hay tres grupos que suelen destacar.

El primero son las zonas situadas justo encima del hueso: la parte delantera del pómulo, el dorso de la nariz, el límite entre la frente y el nacimiento del pelo o la línea de la mandíbula. Ahí la piel que separa el hueso de la superficie es fina, y la vibración breve del disparo se transmite al hueso, de modo que se percibe más intensa de lo que es la energía real.

El segundo son las zonas de piel fina con muchas terminaciones nerviosas: encima del labio superior, debajo de los ojos y junto a las aletas de la nariz. Dar un respingo en estas zonas no quiere decir que el ajuste general sea excesivo; a veces basta con tratar esa zona por separado.

El tercero son las zonas con pigmento muy concentrado. Como el láser absorbe más energía donde hay más pigmento, al pasar sobre una mancha más oscura que su alrededor puede notarse un pinchazo más fuerte. Es una reacción esperable por el propio mecanismo, pero si un punto destaca con un dolor muy agudo, conviene decirlo en ese mismo momento.

Zonas de la cara que suelen doler más con el láser toning

 

 

¿El dolor depende del equipo o del ajuste?

Del ajuste, más que del nombre del equipo. Mucha gente resume su experiencia diciendo que un aparato duele y otro no, pero lo que determina la sensación es la combinación de duración del pulso, tamaño del punto de luz, número de pasadas y grado de superposición.

En general, cuanto más corto es el pulso, más se parece la sensación a un golpe breve, y cuanto más largo, más a un calor que se extiende. Si el punto de luz es más grande, la energía que llega a cada centímetro cambia aunque el número de potencia sea el mismo, así que comparar solo esa cifra no permite saber si un ajuste es fuerte o suave.

Las pasadas y la superposición también pesan. Pasar varias veces con poca energía reduce el pinchazo del momento, pero puede aumentar el calor acumulado. Por eso decir solo que dolió no indica qué hay que cambiar; lo útil es explicar en qué fase dolió.

Bajar la intensidad es la forma más directa de reducir la molestia, y es normal preguntarse si entonces el tratamiento deja de funcionar. El láser toning no elimina el pigmento de una vez: repite disparos de baja intensidad con intervalos para que las manchas se vayan aclarando. Bajar un poco la intensidad de una sesión no desmonta el plan, aunque para el mismo objetivo puede cambiar el número de sesiones y la duración total. Lo contrario no es aconsejable: acortar los intervalos porque duele menos no acelera nada, ya que la piel necesita su tiempo para recuperarse después del calor.

Ajustes del láser toning que cambian la sensación de dolor

 

 

Anestesia tópica y frío: qué alivian y qué no

La anestesia tópica adormece la sensibilidad de la superficie de la piel. Tiene que aplicarse y dejarse actuar un tiempo bajo cobertura, así que normalmente implica llegar antes de la hora de la cita para prepararla. Si se aplica en toda la cara o solo en las zonas más sensibles depende de la zona y del ajuste.

El frío actúa de otra manera. El enfriamiento por contacto o el aire frío bajan la temperatura de la superficie y reducen sobre todo el calor acumulado. Ayuda más con el ardor de la segunda mitad de la sesión y con el calor que queda al terminar que con el pinchazo del disparo.

Ninguno de los dos lo resuelve todo. La vibración que se transmite al hueso apenas cede con la anestesia de superficie, y la propia crema anestésica puede irritar algunas pieles. Por eso, en consulta, lo útil es explicar si lo que te costó fue la sensibilidad de la superficie, el calor acumulado o la vibración sobre el hueso, y elegir la medida que corresponde.

Tres preguntas ayudan a que la conversación avance: cómo se aplica la anestesia y con cuánta antelación hay que prepararla, si la zona que te preocupa es de las que suelen doler más, y cómo cambian el número de sesiones y el plazo si se baja la intensidad.

Si estás pensando en hacer una sesión mientras visitas Seúl, lo anterior tiene una consecuencia práctica: la anestesia tópica exige reservar tiempo antes de la cita, y el láser toning se basa en sesiones repetidas con intervalos. Una visita sirve para resolver tus dudas sobre el dolor, ajustar la intensidad y empezar; el aclarado de las manchas depende de las sesiones que vengan después.

Anestesia tópica y enfriamiento durante el láser toning

 

 

Efectos secundarios: el dolor no es la señal que importa

La intensidad del dolor durante la sesión no anticipa un efecto secundario. El dolor es una sensación del momento; un efecto secundario es una reacción de la piel después del disparo.

Las señales que sí conviene vigilar son otras:

  • Ampollas o supuración: sobre todo si aparecen en un punto que dolió de forma especialmente aguda.

  • Marcas más oscuras de borde nítido: manchas que quedan claramente más oscuras que antes.

  • Dolor localizado que continúa: una molestia que sigue después de la sesión en un punto concreto.

Si notas cualquiera de estos cambios, no esperes a ver qué pasa: avisa al lugar donde te trataron y busca valoración médica. Y si la rojez se va ampliando o te sube la fiebre, acude a atención médica de inmediato.

También se ha descrito que, cuando entra demasiado calor, el pigmento puede verse más oscuro en lugar de más claro. Tampoco esto va de la mano de cuánto dolió. Aguantar no es una virtud: si durante la sesión hay un punto que no toleras, dilo en ese momento para que se pueda cambiar el ajuste.

Señales de efectos secundarios después del láser toning

 

 

Lo esencial

  • Tres tipos de molestia: el pinchazo del disparo, el calor que se acumula y lo que queda al terminar.

  • Zonas sensibles: sobre el hueso, en piel fina y sobre las manchas más oscuras.

  • Ajuste antes que equipo: duración del pulso, tamaño del punto, pasadas y superposición deciden la sensación.

  • Cada medida alivia algo distinto: la anestesia, la superficie; el frío, el calor; la intensidad, todo, a cambio de más sesiones.

Las ampollas, las marcas oscuras de borde nítido o el dolor que persiste son motivo de consulta, no algo que haya que aguantar.

Si llevas tiempo posponiendo el tratamiento por miedo, vale la pena distinguir si te frena el dolor o la falta de información. Antes de decidirte por el láser toning, explicar en consulta qué tipo de molestia te preocupa permite elegir cómo hacerlo. Beautystone es una clínica dermatológica en Hapjeong, Seúl. Para la cita, apunta en qué momento te costó más una sesión anterior, si la tuviste: ese dato ayuda a orientar el ajuste.

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